la compasión de tierna , la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia.
Sopórtense y perdónense unos a otros, si uno tiene motivo de queja contra otro.
Como el Señor los perdonó, a su vez hagan lo mismo. Pero por encima de todo, tengan
el amor, que es el vínculo perfecto. (Col. 3: 12-14)
Objetivo: Hacer que cada persona se dé cuenta de la importancia del perdón y mediante el proceso recibir la reconciliación a través de Cristo, que es un don de Dios a todos y cada uno de nosotros.
Introducción
Estamos llamados a ser perdonados y perdonar. Durante esta temporada cuaresmal, se nos pide revisar nuestra forma de vida, pues debemos usar el contraste de Cristo mismo especialmente reflejado en su pasión y muerte. La vida misma es un reflejo directo de vida y muerte. Vivimos la pasión de Cristo a través de toda nuestra vida. Cuando elegimos actuar como Cristo, elegimos la vida. Cuando elegimos actuar de maneras mundanas, elegimos la muerte. Al reflexionar sobre nuestras propias costumbres, ¿qué son para nosotros las Estaciones de la Cruz? Hemos sido perdonados por lo que hayamos hecho con tan sólo pedir ser perdonados.
Durante este especial Año de Jubileo, se nos pide reconciliarnos con nuestros hermanos y hermanas. Se nos pide perdonar y ser perdonados. La gracia de Dios estará sobre nosotros en este proceso de reconciliación. Todos nuestros actos bien han ayudado a crear el Reino de Dios entre nosotros o bien han ayudado a destruir su presencia entre nosotros. Estamos llamados a ser curadso por Cristo mismo. Somos "curadores heridos" que necesitan ser perdonados y reconciliarse, pero podemos también ser gente que cura y perdona a otros.
Bienvenida y oración (15 minutos)
Debemos dar la bienvenida a cada persona de la reunión e invitar a cada persona a dar la bienvenida a los demás. Empezar con una oración en que se note el tema de reconciliación y perdón. Como parte de la oración, cada persona manifestará su nombre en cuanto participante activo de la oración. Todos estamos llamados personalmente a perdonar y reconciliarnos. Puede emplearse Gálatas 5:13-26 o Colosenses 3:5-17. Puede emplearse una canción apropiada como "Muy asustado" de Jars of Clay.
Compartir nuestras experiencias (40 minutos)
Hoy en día vemos dentro de la sociedad y la comunidad de la Iglesia una necesidad y anhelo de curación y perdón. Esto parece especialmente cierto a la vuelta de un nuevo milenio. Al mirar el mundo que nos rodea vemos tanto las luces de la reconciliación como las sombras de la oscuridad donde el dolor, la ira, la no aceptación y la desesperación abundan. Estas sombras hablan del tremendo clamor por perdón y reconciliación; por curarnos dentro de nosotros mismos, nuestras familias, nuestras vecindades y nuestras iglesias y comunidades. Las noticias nocturnas y los diarios locales pintan una historia tras otra de la incapacidad para perdonar y restañar heridas. Familias y comunidades se hacen trizas porque la gente se niega a perdonarse mutuamente y avanzar hacia la reconciliación.
Cada ser humano ha sido víctima de alguna clase de rechazo, ridículo, amenaza o incluso violencia. Esas experiencias nos llevan a perder de vista la bondad humana y a bloquear nuestra propia capacidad de confiar, amar y perdonar. Sin embargo, el perdón puede curar esas heridas y llevarnos a la reconciliación a través del amor. El conocido dicho "Errar es humano, perdonar es divino" es una manera popular de afirmar que todos cometemos errores y que estamos dispuestos a perdonarnos mutuamente a fin de vivir en felicidad. Entre los diarios problemas y conflictos que sacuden nuestras vidas, las familias y comunidades que permanecen juntas son las que reconocen sus faltas y su necesidad de reconciliación; a través de ofrecer y recibir perdón. Por otro lado, cuando hay una negativa a perdonar, "nuestros corazones se cierran y su dureza los hace impenetrables" aun al perdón de Dios (Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 2840).
Preguntas de discusión:
- En subgrupos, a cada individuo se le pide que comparta un ejemplo en que sintió que eran perdonados. ¿Cómo se sintió ser perdonado?
- Cada participante comparte un ejemplo en que perdonó a alguien. Describir la situación y cómo se sintió perdonar a otra persona.
- Discutir cómo perdonar y ser perdonado nos ayuda a ser mejores cristianos.
Reflexionar en nuestra tradición de fe (40 minutos)
La más grande alegría de cada año de jubileo proviene del énfasis en el perdón del pecado. El Evangelio nos muestra constantemente a Jesús llamando a cada uno de nosotros a la conversión, conversión de la muerte a la vida. Cristo nos cura de las enfermedades del mundo, y ofrece perdón. También nos pide reconciliarnos con nuestros hermanos y hermanas, padre y madre, amigos y enemigos. Jesús cura a cada uno de nosotros como curó al ciego. A veces, a través de nuestra propia ceguera, no vemos o no queremos ver la realidad de la situación o reconocer que estamos equivocados. Cristo perdonó a la mujer sorprendida en adulterio. A veces nosotros somos sorprendidos en nuestros propios "adulterios". Dios nos está llamando constantemente a la conversión y a medida que recibimos perdón, somos curados.
Muy clara es para nosotros la parábola del hijo pródigo, que muestra a Dios como el Padre amante que perdona y luego se reconcilia con sus hijos, y que describe cómo esta reconciliación es la causa de gran alegría (Lucas 15:11-31). A través de Jesucristo, Dios Padre nos busca incansablemente para reconciliarnos con él. Esta búsqueda comienza en el corazón de Dios y alcanza su plenitud con la Encarnación. Dios mismo se hace humano a través de Jesucristo. Mediante su vida en la tierra como humano, Jesús trae el amor y perdón de Dios a cada uno de nosotros. Cristo da su vida para que nosotros podamos tener vida. Es en este mismo proceso de pasar de la muerte a la vida que experimentamos el perdón y la reconciliación. El deseo de Dios de perdonarnos nos mueve a buscar el perdón y la reconciliación que necesitamos a fin de perdonar y reconciliarnos con los demás.
En la Oración del Señor, Jesús nos enseña que la persona humana es un ser amante llamado a perdonar y a ser perdonado. De la misma manera que Dios nos perdona, nosotros debemos abrir nuestros corazones a la compasión divina y perdonar a aquellos que nos hacen daño. El perdón es la condición fundamental de la reconciliación. Por esta razón, el perdón es el punto crítico de la oración cristiana. El perdón da también testimonio de que, en nuestro mundo, el amor es más fuerte que el pecado o cualquier cosa que nos haga daño. Cuando aceptamos nuestras propias faltas o perdonamos a quienes nos han ofendido, nuestros corazones se abren a la gracia de Dios y quedamos libres de la opresión del pecado y el resentimiento. Perdonar de corazón no es fácil, pero contamos con la infinita misericordia de Dios para hacerlo. A veces, no podemos superar el daño y olvidar la ofensa, pero "el corazón que se ofrece al Espíritu Santo" vuelve la injuria en compasión y purifica el recuerdo transformando el daño en intercesiones, incluyendo el perdón de nosotros mismos que a menudo no es perdonado. Mediante el proceso de curación, nos acercamos más a Dios y a la gracia de Dios.
Preguntas de discusión:
- Cada persona prepara una línea de tiempo de su vida. Esta línea de tiempo incluye momentos claves de su vida. Marcar tres o cuatro momentos en que la reconciliación fue necesaria en la vida. Hacer notar los sentimientos que siguieron después de cada situación particular.
- ¿Han notado algunas épocas particulares en que no han sentido que fueran perdonados?
- En subgrupos, discutir maneras en que experimentamos reconciliación como comunidad. ¿Qué momentos y elementos experimentamos cada semana que nos ayudan a cada uno de nosotros a perdonar y ser perdonados?
Poner nuestra fe en acción (40 minutos)
La reconciliación es la obra no sólo de individuos, sino de la comunidad de fe y de la sociedad. Los conflictos que consumen al mundo están arraigados en errores no resueltos —imaginados o reales, deliberados o involuntarios— que conservan su poder de provocar discordias, hostilidad, facciones, discriminación, violencia y guerra. Como cristianos católicos, nuestra fe nos llama a ser personas que se reconcilian y a ser miembros de una comunidad que se reconcilia. Nuestro bautismo nos incorpora en la misión reconciliadora de Jesucristo. En Cristo estamos llamados a perdonarnos mutuamente, a reconciliar nuestras diferencias, y a curar nuestras almas y nuestro mundo de nuestros estropicios. El Año Jubileo 2000, como un año de favor del Señor (Lc 4:9), es también el tiempo ideal para renovar nuestra comprensión, apreciación y práctica del sacramento de la penitencia y la reconciliación. En este sacramento, confesamos nuestros pecados a Cristo y quedamos aliviados de su carga. Experimentamos el perdón y la misericordia de Cristo.
Nuestra vida diaria es un proceso continuo de cambio y conversión. Hacemos elecciones cada momento de nuestras vidas. Podemos elegir la vida que puede construir comunión, amor y comunidad. O podemos elegir la muerte, momentos en que pensamos sólo en nosotros mismos sin consideración de los demás. No eligiendo la vida, hacemos daño a los demás y destruimos el amor de Dios y, en consecuencia, destruimos la vida misma. Al proseguir con nuestro peregrinaje al Año Jubileo 2000, recuerden por favor el desafío de pasar por la puerta de la conversión y la reconciliación. Pasar por esta puerta es elegir una nueva vida en Cristo: una vida de amor y dar y una vida en que perdonamos y somos perdonar.
Pasos de acción:
- Lluvia de ideas sobre acciones y proyectos que puedan promover el perdón, la reconciliación y la curación. (Un ejemplo de tal acción es conducir un servicio de reconciliación para buscar y recibir perdón como individuos y como comunidad.)
- Separar las ideas según los siguientes niveles:
- Acciones a emprender a nivel personal
- Acciones que requieren la participación de diferentes grupos dentro de la comunidad de fe
- Acciones que involucran a la entera comunidad de fe y/o la comunidad cívica local
- Priorizar las acciones que sean más importantes y urgentes, y desarrollar un plan para implementarlas.
- Acciones a emprender a nivel personal
Reunir nuestras experiencias (15 minutos)
- ¿Qué les ayudó a participar en esta sesión y qué lo hizo difícil?
- ¿Qué aprendieron y aceptaron de los demás?
- ¿Qué aprendieron sobre su fe?
- ¿Cómo hicieron las personas el compromiso de implementar un curso de acción?
Celebrar nuestra fe como comunidad (25 minutos)
- Himno/canción de apertura
- Invocación o invitación a la oración
- Lectura bíblica
- Oración de acción de gracias o petición
- El Padrenuestro
- Oración final y señal de la paz
- Himno de cierre
Para quienes asistan a la JMJ 2000
Somos llamados a Roma para cruzar la "Puerta". Esta temporada cuaresmal nos llama a prepararnos para nuestro viaje, que está ya cerca. Necesitamos estar preparados para nuestro viaje. Necesitamos congregarnos como miembros de una comunidad cristiana y examinar nuestras vidas en cuanto a dónde estamos en nuestro viaje. ¿Somos claramente una semilla del amor y la gracia de Dios entre nuestros amigos, familia y sociedad? Estamos llamados en este Año de Jubileo a hacernos discípulos de Cristo que trae el Reinado y el Reino de Dios. Hemos de mostrar que nos hemos unido a Cristo a través de su pasión, muerte y resurrección. Nuestro viaje por la vida es pasar por la pasión y la muerte de Jesucristo creyendo en la resurrección. Podemos ayudar en el perdón y reconciliación de nuestros amigos, familiares y los que nos rodean. Somos levadura, llamados a esparcir la esperanza en el mundo. ¿Hemos llegado a ser la levadura en la sociedad?
- ¿Dónde necesito experimentar la reconciliación antes de salir para Roma? ¿A quién necesito perdonar?
- ¿Cómo podría ser un Embajador de la reconciliación durante el peregrinaje?

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