y haré que se sientan felices en mi casa de oración...
Ya que mi casa será llamada
Casa de Oración para todos los pueblos.
Esto dice el Señor Yavé,
que reúne a todos los Israelistas, que estaban dispersos:
Agregaré todavía más gente
a los que ya se habían juntado. (Is. 56: 7-8)
Objetivo: Renovar el sentido de hospitalidad y bienvenida en la comunidad de fe.
Introducción
En el Evangelio, Jesús nos dice que él es la puerta al reino de los cielos. Jesús es la puerta y Jesús mismo se abre para invitar, dar la bienvenida y otorgar la graciosa y transformadora hospitalidad de Dios. Cruzando el umbral, entramos a "una casa de oración para todos los pueblos"; una casa con muchos rostros.
En esta sesión nos tomaremos tiempos para tener bien presente que toda la vida cristiana es un viaje a la casa de Dios y que durante este Año Jubileo hacemos un esfuerzo especial para cruzar la puerta de Cristo. Exploraremos las formas en que nuestra Iglesia puede seguir el ejemplo de Cristo invitando, dando la bienvenida y brindando hospitalidad a todas las personas.
Bienvenida y oración (15 minutos)
Dar la bienvenida a los participantes y pedirles que hagan una breve presentación de sí mismos. Como el tema principal de esta sesión es la hospitalidad, cada participante debe recibir una señal de bienvenida después de cada presentación personal. Si el grupo es muy grande, el símbolo puede entregarse al grupo entero al final de las presentaciones. Debe ser algo simple, como una cruz, una estampita sagrada con el santo patrón de la parroquia, una medalla de la Virgen o algo que represente la comunidad de fe. A esto le sigue una oración sencilla y una canción bilingüe, como la de John Schiavone, "Qué alegría cuando me dijeron" (Flor y Canto, #565, Oregon Catholic Press). Otras canciones sugeridas: "Pueblo de Dios", "Come to the Feast" o "Gather Your People", todas de Bob Hurd y disponibles en Oregon Catholic Press.
Compartir nuestras experiencias (40 minutos)
Los seres humanos son sociales por naturaleza. La necesidad de establecer relaciones nos lleva a formar grupos sociales de todas clases. Los humanos nos reunimos en círculos de amigos, elegimos cónyuges, formamos familias, construimos comunidades y pertenecemos a una nación. Sin embargo, la naturaleza transitoria de la vida moderna, los desafíos de iniciar profesiones y familias, la crisis de los valores familiares, la migración de personas en busca de una vida mejor y las desigualdades sociales, entre otras situaciones, pueden llevar a muchas personas a sentirse solas y aisladas. Basta con mirar alrededor para ver gente que "no encaja" y "no pertenece" a la comunidad donde vive. Esta actitud de exclusión también afecta nuestras comunidades de fe y puede distanciar a la persona de la Iglesia e incluso de Dios. Las Sagradas Escrituras nos dicen que Dios es el gran anfitrión de la vida en cuya casa hay espacio para todos. La misión que Jesucristo confió a la Iglesia es, por encima de todo, una invitación y bienvenida a ser parte del reino de Dios (Lc. 4:16-30). A fin de cumplir con esta misión, la Iglesia tiene que ser, principalmente, una Iglesia acogedora y hospitalaria. Debe dar la bienvenida a quienes esperan encontrar en nuestras comunidades de fe el hogar que buscan y la esperanza que necesitan en la vida.
Preguntas de discusión:
- Compartan una experiencia en que se sintieron bienvenidos en una comunidad eclesiástica o centro ministerial de un campus. ¿Cómo les ayudó esa experiencia a involucrarse más?
- Compartan una experiencia en que no se sintieron bienvenidos. ¿Cómo influenció en su vida de fe y en su relación con esa comunidad?
Reflexionar en nuestra tradición de fe (40 minutos)
La Iglesia Católica tiene una tradición de hospitalidad arraigada en sus inicios hace dos mil años. Las Sagradas Escrituras revelan a Dios como nuestro creador, redentor y santificador. En estas tres acciones de bienvenida, Dios nos invita a la vida, nos da la bienvenida a su casa, tanto en la tierra como en el cielo, y nos envía a llevar su hospitalidad a otros. Este misterio del amor de Dios está simplemente expresado en la vida y enseñanzas de Jesús. Desde el inicio de su vida pública, Jesús se dedicó a invitar a los demás al reino de su Padre (Lc. 4:18-19).
Esta tradición de hospitalidad puede verse también en la tradición de la "Puerta Santa" que tiene sus raíces en las primeras celebraciones del año jubilar de la Iglesia. La Puerta Santa se abre al principio de cada Año Santo en las cuatro Basílicas principales. Durante el Año Jubileo, los peregrinos a Roma podrán cruzar la "Puerta del Jubileo" en la Basílica de San Pedro. Pasar por esta puerta es confesar que Jesucristo es el Señor. Es fortalecer la fe de uno en Cristo para vivir la nueva vida que él nos ha dado. Al pasar por esta puerta los fieles están destinados a ganar valor para dejar atrás todo aquello que obstaculiza su camino hacia Dios. Es una puerta a un nuevo comienzo. Es un nuevo inicio para nosotros mismos, y para nuestra relación con Dios y nuestro prójimo.
Fiel a esta tradición de hospitalidad, la Iglesia en Estados Unidos ha acogido con los brazos abiertos a los diferentes grupos de inmigrantes que han llegado a este país. Esta hospitalidad se manifestó mediante la formación de parroquias nacionales a principios del siglo XX para recibir a italianos, polacos, alemanes y otros inmigrantes. Estas parroquias brindaron un entorno familiar y acogedor donde los inmigrantes podían celebrar y practicar su fe, vivir sus tradiciones culturales y obtener el apoyo necesario para hacerse parte de la sociedad estadounidense. Debido en parte a los cambios demográficos al final de la Segunda Guerra Mundial, estas parroquias nacionales dieron paso a comunidades parroquiales culturalmente mezcladas. Se esperaba que los inmigrantes se asimilarían en la sociedad estadounidense y en la Iglesia. Sin embargo, en un documento de 1987, la Conferencia de Obispos de EEUU lamentaban el hecho de que una política de asimilación hubiera obligado a los inmigrantes a renunciar a su idioma, cultura, valores y tradiciones litúrgicas. Los obispos declararon que todos los nuevos inmigrantes deben "ser bienvenidos en todas las instituciones de nuestra Iglesia, en todos los niveles. Deben ser servidos en su idioma cuando sea posible, y sus valores culturales y tradiciones religiosas deben ser respetados. Más allá de eso, debemos trabajar por el enriquecimiento mutuo mediante la interacción entre todas las culturas" (Plan Pastoral Nacional para el Ministerio Hispánico, p. 66).
Asimismo, esta tradición de hospitalidad autoriza a la Iglesia a dar la bienvenida a adultos jóvenes a nuestras comunidades eclesiásticas. La Conferencia de Obispos de EEUU, en diálogo con adultos jóvenes, ha reconocido que los adultos jóvenes son demasiado a menudo una población pasada por alto en la vida parroquial. Las parroquias tradicionales se han concentrado generalmente en la vida familiar, dejando a muchos adultos jóvenes con sus dones singulares subutilizados y muchas de sus necesidades insatisfechas. Los obispos expresaron la necesidad de que las parroquias "Inviten, empoderen y permitan a adultos jóvenes a participar en la vida de la Iglesia mediante el culto, vida comunitaria, pequeñas comunidades de fe y esfuerzos de evangelización, y en comités, en ministerios y en movimientos y organizaciones católicos" (Sons and Daughters of the Light, p. 33).
La invitación a la comunidad de fe se dirige también a quienes nadie quiere dar la bienvenida. Los humildes, los enfermos, los pobres, los discapacitados, los foráneos y los pecadores están entre los primeros en aceptar la invitación de Jesús con alegría. Jesús conoce sus dificultades y, en consecuencia, los invita a ser liberados de sus cargas y descansar en él. "Vengan a mí los que se sienten cargados y agobiados, porque yo los aliviaré... Pues mi yugo es bueno y mi carga liviana (Mt. 11:28,30). La invitación de Jesús a hacerse parte del reino del Padre es tanto una bienvenida como una invitación a hacer extensiva esta bienvenida a todos. Al recibir a Dios en nuestros corazones, nos hacemos amigos de Dios (Jn. 15:14) y nos comprometemos a continuar con su misión de dar la bienvenida a los demás y a caminar juntos como una sola Iglesia hacia la casa del Padre.
Preguntas de discusión:
- ¿Qué ha ayudado a crear un ambiente de hospitalidad y bienvenida en su comunidad de fe? ¿Cómo así?
- ¿Qué hace difícil experimentar una hospitalidad de bienvenida en su comunidad de fe, especialmente para quienes más lo necesitan? ¿Cómo así?
Poner nuestra fe en acción (40 minutos)
La Iglesia en Estados Unidos tiene una base parroquial muy fuerte. La comunidad de fe es organizada, en la mayoría de casos, bajo la coordinación del pastor en colaboración con el consejo parroquial y ministerios de profesionales y voluntarios. Este modelo parroquial permite que la comunidad experimente la vida de la Iglesia en un lugar central. Las familias se reúnen en las instalaciones parroquiales para participar en los sacramentos y para beneficiarse de los diferentes ministerios y programas ofrecidos por la parroquia. Este modelo tiene muchas ventajas pero también presenta algunos retos. Uno de los retos es llegar a los católicos que viven dentro de los límites de la parroquia pero por diversas razones no toman parte en las actividades de la comunidad de fe. Para encarar este reto, es necesario renovar el espíritu misionero de la comunidad de fe; llegar a aquellos que no han sentido el amor de la Iglesia, en vez de esperar que vengan por su cuenta. Es necesario también preparar un lugar para católicos inactivos y darles la bienvenida con los brazos abiertos. Esta preparación significa crear un ambiente de hospitalidad y bienvenida que ayudará a todas las personas a sentirse en casa. Esto a su vez los inspirará y motivará a ser miembros activos.
En el caso de nuevos inmigrantes, es necesario desarrollar con ellos un plan pastoral que responda a sus necesidades religiosas, sociales, lingüísticas y culturales. En lo que concierne a los adultos jóvenes, es importante considerar la especial situación de personas que pueden ser solteras o casadas sin hijos, jóvenes profesionales o estudiantes universitarios, aquellos que son nuevos para la comunidad o que están explorando nuevos roles dentro de la comunidad. Los obispos de Estados Unidos hablan de la necesidad de promover un modelo de Iglesia que sea comunitario, misionero, evangelizador, hospitalario y encarnado en la realida de las diferentes personas y grupos que viven dentro de los límites de la parroquia (Plan Pastoral Nacional para el Ministerio Hispánico, Nº 17). Pues es este modelo de Iglesia la que ayudará a la comunidad parroquial a llevar a cabo la Nueva Evangelización a que nos llama el papa Juan Pablo II.
Pasos de acción:
- Discutir la posibilidad de que la comunidad de fe designe una puerta de su iglesia o centro ministerial de campo como puerta de Jubileo. También puede animarse a individuos a establecer una puerta de Jubileo en su lugar de residencia. Se proporciona aquí una bendición para las puertas.
- Lluvia de ideas para identificar personas y grupos que necesiten ser invitados y recibir la bienvenida en la comunidad de fe.
- Identificar acciones concretas que su comunidad de fe puede emprender para llegar a otros y darles la bienvenida. Considerar la vida litúrgica, el proceso de toma de decisiones y la educación religiosa de la comunidad así como las necesidades humanas básicas de la gente de la comunidad local.
- Seleccionar las acciones que sean más importantes y urgentes, y desarrollar un plan para implementarlas.
- Lluvia de ideas sobre las cosas que puedan ustedes hacer personalmente para dar la bienvenida a la gente en su comunidad de fe. Comprométanse a hacer uno o dos de los puntos de la lista.
Reunir nuestras experiencias (15 minutos)
- ¿Qué les ayudó a participar en esta sesión y qué lo hizo difícil?
- ¿Qué aprendieron y aceptaron de los demás?
- ¿Qué aprendieron sobre su fe?
- ¿Cómo hicieron las personas el compromiso de implementar un curso de acción?
Celebrar nuestra fe como comunidad (25 minutos)
- Himno/canción de apertura
- Invocación o invitación a la oración
- Lectura bíblica
- Oración de acción de gracias o petición
- El Padrenuestro
- Oración final y señal de la paz
- Himno de cierre
Bendición de una puerta de Jubileo en casa
Reunirse ante la puerta de Jubileo, el padre o madre ora:
Señal de la Cruz — En el nombre del Padre...
Lecturas — Jn. 10:7-10, Lc. 4:18-19 o Lev. 25:8-12
Bendición —
Bendito eres, oh Dios Nuestro Señor
porque guías nuestros pasos.
Tú bendices nuestra llegada y nuestra salida,
desde el nacimiento hasta la muerte, nos tienes a tu cuidado.
Bendice esta puerta, oh Señor,
que consagramos a este tiempo de preparación.
Cada día que cruzamos este lugar,
acércanos más profundamente a tu presencia
y las maravillas de tu amor por nosotros.
Tú eres la puerta al Reino de Dios,
la puerta de la grey a la vida eterna,
oh portal de la paz eterna, nuestro nuevo y viviente camino,
absuelve nuestros pecados y ábrenos la puerta a la salvación.
Oh Dios, protege nuestra salida y nuestra llegada;
compartamos la hospitalidad de este hogar con todos los que nos visiten.
Que los pobres encuentren descanso dentro de estas paredes
y todos los que tienen hambre encuentren refrigerio en nuestro hogar.
Llévanos a casa a través de ti, a ti, y contigo,
Dios solo y único, por los siglos de los siglos. Amén.
Sello del Jubileo — Colocar el logo del Jubileo o cruz sobre la puerta o marco de la puerta.
Himno — Todos pueden cantar el himno A Jesucristo nuestro Rey Soberano o alguna otra canción apropiada.
Bendición de una puerta de Jubileo en la iglesia
Reunirse ante la puerta de Jubileo, el obispo ora: (la puerta puede ser bendecida al principio de la misa de domingo o en otro momento apropiado.)
Bendición —
Bendito eres, oh Dios Nuestro Señor,¡Rey del Universo!
Tú bendices nuestra llegada y nuestra salida,
desde el nacimiento hasta la muerte, nos tienes a tu cuidado.
Bendice esta puerta, oh Señor,
que consagramos a este tiempo de preparación.
Cada día que cruzamos este lugar,
acércanos más profundamente a tu presencia
y las maravillas de tu amor por nosotros.
Tú eres la puerta al Reino de Dios,
la puerta de la grey a la vida eterna,
oh portal de la paz eterna, nuestro nuevo y viviente camino,
absuelve nuestros pecados y ábrenos la puerta a la salvación.
Haz que mediante el poder de las llaves
seamos encontrados dignos de cruzar la entrada al cielo
y regocijarnos por siempre en la fiesta nupcial en tu
presencia, nuestro Novio y nuestro Señor,
a quien esperamos y a quien anhelamos.
Llévanos a casa a través de ti, a ti, y contigo,
Dios solo y único, por los siglos de los siglos. Amén.
Sello del Jubileo — Colocar el logo del Jubileo o cruz sobre la puerta o marco de la puerta. (Se sugiere que la insignia de la Tiara y Llaves Papales sea colocada sobre esta puerta como una manera de recordar el vínculo entre estas puertas y la Santa Puerta del Año en la Basílica de San Pedro.)
Himno — Cuando la puerta es rociada con agua bendita, se canta el Salmo 124 con la antífona: ¡Alcen bien alto los antiguos portales! ¡El Rey de la Gloria está entrando!
Para quienes asistan a la JMJ 2000
Quienes asistan a la JMJ 2000 tendrán la excitante oportunidad de ver la gran diversidad de los rostros en la casa de Dios. Miles de jóvenes estarán en Roma con ustedes orando y celebrando la vida en Jesucristo. Estas personas de fe estarán también cruzando con ustedes la Puerta del Jubileo en la Basílica de San Pedro, ceñidas por el amor y la compasión de Dios.
En el Evangelio según Juan, Jesús dijo: "Yo soy la Puerta: el que entra por mí está a salvo. Circula libremente y encuentra alimento" (Juan 10:9). Que ustedes y otros muchos peregrinos entren la más santa de las puertas en fe y paz.
Preguntas de discusión:
- Cuando asistan a la JMJ 2000, tendrán la oportunidad de conocer mucha gente de diferentes culturas. ¿Cómo pueden ustedes y su grupo compartir la bienvenida de Cristo con ellos?
- Para ustedes personalmente, ¿qué se imaginan cuando escuchan la promesa de Jesucristo de seguridad y alimento? ¿Qué creen ustedes que esperan los demás?
- Tómense unos momentos para reflexionar sobre la bienvenida de Cristo a todos los que pasen por la Puerta del Jubileo. Luego hagan un dibujo que represente su visión de esa bienvenida de Cristo. Cuando todos los de grupo hayan acabado, compartan su dibujo con los demás.

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